sábado, 10 de agosto de 2013

Ultima(mente)

Habíamos logrado dejar atrás la tormenta pero no huir de ella.
Todavía estaba...
Todavía estaban los fogonazos de luces y la ráfaga de sonidos y movimientos. Todo congelado.
Como se congelaba el alrededor cuando se amarraban nuestras miradas.
(No viajábamos en el otro; todo el resto viajaba: se desplazaba, se corría y nos quedaba el escenario cuando nos quedaba nosotros.)
Y ahí elegías (siempre elegías antes de hacer)...
... tu humor platónico para mis ideas nietzscheanas.
... las risas para mis búsquedas.
... los ejemplos para mis comportamientos.

¿Cuatro lugares diferentes? Cien conversaciones idénticas.
¿Las similitudes de las diferencias?
Los opuestos que se convencían y acordaban encontrarse en los limites del otro. En los limites del borde (de cualquiera de las camas).
A los pies podían derramarse todos los errores y aún así escudarnos del frío de tus verdades.

Vos y yo siendo tres. Y extrañando lo que nunca vivimos.
Voy y yo siendo la tormenta. O la huida. ¡No! Siendo una eterna despedida. ¡Eso! Siendo una intensidad. Siendo más historias que lugares y más chocolates que alarmas. Como algunas palabras que odias y otras que recomendás.

Seguro nunca intentaste guionar una poesía. (Yo tampoco.)
-¿Te estoy haciendo mal?- le dice al oído para interrumpir su llanto.
-Todavía no.- Responde con la voz entrecortada.
-Sea lo que sea vamos a perder o ganar los dos. (Buscando su mirada.) No vas a estar solo.-

-No era esa la compañía que pedí.- Dándole la espalda con el cuerpo entero.

1 comentario:

Trini dijo...

aplausos, con los ojos
irónicos, para que nadie escuche