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Friday, November 9th 2012 23.58
Hola, hermosa.
Llegué bien.
Me traje demasiada ropa. Tengo ganas de tirarla... o dejarla en la habitación olvidada.
Esta ciudad me marea.
Demasiado de todo.
Emborracha todos los sentidos.
Algunas luces son vomitivas.
¿Sabes qué sentí hoy?
Que estábamos todos vestidos de etiqueta celebrando nuestro propio funeral.
O que la ciudad estaba muerta y la encendiamos con luces y nos arreglabamos para despedirla hasta el cansancio.
No sé.
Hoy me siento demasiado alienado asistiendo a reuniones con traductores y ceremonias inentendibles.
Tuve un día muy largo.
Creo que subo al bar del hotel, tomo algo fuerte y me acuesto hasta mañana.
Espero que esté todo bien por ahí.
((NOTA MENTAL: Ahora bajo al cuarto y le escribo otro mail más optimista.
Este trago me arruinó y ahora es más fuerte esta sensación de estar muerto en vida.
De no tener tripas dentro. De estar vacío. Ni siquiera imagino mi interior como un mecanismo de reloj
ni un contenedor de alma con forma de nube gaseosa...
No tengo vida adentro.
Se me ocurrió pensar, mientras miraba a las dos personas que están sentadas como yo, acá, que
la vida está afuera de uno...
Que la vida está en la forma (ahora medio diluída) de las cosas... en los colores, en los aromas, en la mósica.
Que la vida está en los motores invisibles, en los dibujos de las servilletas.
Pero...
cuando la vida es insípida (como una alfombra de aeropuerto que absorbe el ruido de los pasos y del equipaje),
fantasmagórica (como los sonidos de la noche en una calle de las afueras), soberbia (como todos esos rascacielos que te contemplan con altura y te susurran: cuando vos no estés yo voy a seguir en pie) e intransigente (como los vehículos que se arrojan contra uno todo el tiempo, como una marea incansable)
dan ganas de asomarse a la noche y gritar espasmos...))
(Habitación 1028. Luz verde. Click. )
Una guerra en mi cabeza.
La ropa pegada al cuerpo.
No tener nada o tenerlo todo dan las mismas ganas de quitarse la vida.
Ahora que abro la ventana y escucho los bocinazos de la habitación siento eso.
Ganas de convertirme en viento, o en una parada de bus o en todo lo que es afuera.
Por eso salto hacia afuera.
Y veo como los carteles y los colores suben a mi lado con la misma velocidad con la que desciendo.
El impacto contra el suelo es una explosión blanca.
Ahora soy una estrella. Asií de muerto y luminoso. Así en lo alto.
Un viaje tan innecesario como la distancia.
